
Cinco rosas y un poema y en cada pétalo, mamá, el recuerdo que con tu medalla cuelgo de mi pecho mientras pienso en todo el inmenso amor eterno que te debo; el pasado, el presente y el que condenaré a que cada día al levantarme me otorgue el “placer” de sentirte, aquí junto a mí, aunque junto a mí ya no estés.
El miedo, el llanto, la tristeza contenida, la barbaridad de una condena, una sin razón o todas ellas. El viento de una mala mar, sin duda, amor mío, mi más triste poema. Éste que escribo con la tinta de mis lágrimas haciendo deslizar mi pluma sobre un papel que me mira angustiado.
Se me marchó tu perfume y tuvo que ser en primavera. Ya no me olerán igual las flores, su aroma marchitó y en cada primavera venidera, te recordaré con mis cinco rosas apretadas sobre mi corazón, como si fuesen mi bandera. Un señuelo de que te sigo sintiendo cerca.
No entiendo nada o lo entiendo todo. Quiero dormir a tu lado y que me cobijes bajo tu hombro, como tantas veces lo hiciste, más, vida mía, que pena más grande que ya es tarde:
¡Maldita la suerte
maldita la vida!
La vida sin vida no es vida
Y yo no pienso igual:
¡Quien pierde, sin duda,
es quien se marcha!
El sufrimiento es cierto, como negar este dolor que me araña el alma, este vacío tan aterrador. Pero quien vuela alto hacia el paraíso que yo un día inventé y donde espero que hoy estés. Quien cruza hacia la otra orilla, consigo se lleva su sonrisa, su esencia, su aroma, su carita tan linda, sus caricias, el manantial de aquellos nuestros besos perdidos, los que ya jamás serán correspondidos, el llanto, la emoción, y la alegría contenida por ver correr hacia ella sus nietos, mis hijos.
No, nadie me convencerá quien pierde es quien se va. Ésta es mi verdad o al menos la que creo dentro de esta extraña y dolorosa realidad. En poco creo, más ahora, que decir, en casi nada, hasta mi propia alma se halla por ahí, derrotada, destrozada y vilipendiada. Como una vagabunda que no encuentra refugio ni consuelo.
Tan solo existe un jardín marchito, donde germinaron cinco tallos con espinas dolorosas y de esos tallos, vida mía, colgaron cinco rosas:
Cinco rosas para una vida
Cinco rosas para sentir
que tu despedida no es
sino una continuación de mi poesía
Cinco rosas, amor mío,
Una por cada gota de sangre
que de tu sangre
en nuestra sangre nos dejaste
Y eso, esta herencia tan grande
no nos la podrá arrebatar nadie
Cinco rosas, cinco recuerdos
Cinco momentos
Cinco bonitos instantes
Cinco monumentos a tu verdad
Jamás existirá nadie
Que como don tuviese tu bondad:
¡Maravilloso poema de mi libertad!
Nadie habrá tan bonita y maravillosa:
Cinco necesarias caricias
Cinco rosas y un te quiero
grabado con sangre, la mía,
en el rincón más bello
de mi angustiado corazón
Colgué tus medallas sobre mi cuello para llevarte conmigo, cada segundo de cada día y me guardé adentro tu alegría. Allí en aquella esquinita que yo creí que en mis entrañas se hallaba perdida y que ya no existía, pero si estaba, escondida.
Hace poco tiempo un conocido me dijo que leyó en un artículo que un hombre no dejaba de ser niño hasta que no perdía a su madre:
Yo te perdí, mi vida,
y si antes era poco hombre
y mucho niño
ahora a solas, entre sollozos y llanto
yo solito me pregunto:
¡En que diablos me he convertido!
Todos se acercan y encuentran unas palabras de ánimo, invitándome a un consuelo, con cariño y amor, pero que no sé si quiero. Ahora no, al menos. Ahora no puedo, necesito que me duela tu ausencia. Necesito llorar esta pena. Porque mi consuelo, hoy, no existe, por mucho que te recuerde, por mucho que te añore, por mucho que te sufra, por mucho que te llore. Mil veces más lo harías tú por mí, no hay por tanto consuelo, que nadie se me moleste o enfade por mis ausencias.
Hoy, el cielo es un reino de cenizas
Te quiero con toda mi alma
con cada átomo de mi esperanza
con cada gota de sangre
con cada lágrima
que sale de mis más profundas entrañas
Cinco rosas y un poema
y en cada pétalo, mamá,
el recuerdo que con tu medalla
cuelgo de mi pecho
y todo mi amor eterno,
el pasado, el presente
y el que condenaré
a que cada día al levantarme
me otorgue el placer de sentirte
Ojalá, que ilusos versos los que vienen,
de alguna u otra forma
pudieses sentir mis estrofas
Te amo, vida mía, hoy, mañana
y lo que me quede de vida
siempre... siempre ...siempre
siempre ...siempre ...siempre